¿Por qué los salarios en España no suben? La trampa de la productividad
Primero entendamos, ¿qué define la productividad?
La productividad no mide cuánto sudas, cuántas horas echas o cuánto estrés aguantas. Mide el valor de lo que generas en una hora de reloj.
Piénsalo así: un obrero con una pala puede esforzarse al máximo durante 8 horas; otro, sentado en una excavadora moderna, hace el mismo trabajo en 10 minutos. El segundo es más productivo, no porque trabaje más, sino porque tiene mejores herramientas.
Ese es nuestro drama. Un trabajador español es igual de capaz que uno suizo, pero el suizo suele tener a su disposición una tecnología y una inversión que multiplican su valor por diez. Los datos no mienten:
En 2023, un trabajador alemán generó un 28% más de valor por hora que uno español. En EE. UU., esa brecha sube al 32%
Por otro lado, mientras la OCDE crecía al 1,2% anual en productividad, España lo ha hecho en un 0,5%.
Si las empresas generan poco valor por cada hora de trabajo, sus márgenes son mínimos. Y con márgenes estrechos, la subida de sueldos es, por pura aritmética, casi imposible.
Por lo tanto, a menor productividad, menores sueldos.
Productividad vs. Salarios
Para entender la magnitud del problema, mira este gráfico del reciente informe de la OCDE:

La imagen es clara: la barra que mide nuestro crecimiento de productividad se ha ido encogiendo década tras década de forma mucho mas abrupta que la del resto de la OCDE. Al mismo tiempo, la línea de los salarios reales se mantiene plana e incluso llega a ser negativa en los últimos años. Sin eficiencia no hay margen, y sin margen no hay mejora salarial.
Las 3 anclas que frenan la productividad
Sabiendo esto, la gran pregunta es: ¿Por qué nos cuesta tanto ser productivos? Existen varios problemas estructurales en nuestra economía:
1. Somos un país de microempresas
El tamaño de nuestras empresas y la falta de inversión tecnológica España tiene una sobrerrepresentación enorme de microempresas y pequeñas empresas. Para hacernos una idea, el 38% del empleo en el sector servicios en España recae en empresas de menos de diez empleados, frente al 35% de media en la OCDE. Las empresas tan pequeñas tienen enormes dificultades para acceder a financiación, invertir en I+D o adoptar tecnologías avanzadas.
Además, tras la crisis de 2008, la inversión en España cayó drásticamente y no se ha recuperado. Mientras que regiones como Estados Unidos se han disparado en los últimos 20 años invirtiendo en tecnología (como la inteligencia artificial), en Europa, y especialmente en España, nos hemos quedado estancados e invirtiendo esfuerzos en sobrerregular la innovación en lugar de fomentarla.
2. Los sectores de mayor peso en España tienen una productividad más baja
Nuestra economía tiene un peso enorme en sectores tradicionales y turísticos. Estos ámbitos son muy intensivos en mano de obra y requieren mucho esfuerzo humano, pero operativamente generan un valor añadido por trabajador mucho menor que el que producen sectores de alta tecnología o industria avanzada.
3. El «mismatch» laboral: sobrecualificados y vacantes
El 22% de los españoles afirma que trabaja en puestos para los que está sobrecualificado (frente al 17% de la OCDE). A la vez, tenemos sectores como la agricultura o la construcción que la población local rechaza.
Estos puestos suelen ser cubiertos por población inmigrante. La entrada de millones de trabajadores para ocupar puestos de baja productividad tiene un efecto de estancamiento sobre los salarios medios del país, ya que para lograr que todo ese volumen de trabajadores se vuelva altamente productivo, el país necesitaría hacer inversiones de capital gigantescas durante décadas.
¿Y qué se puede hacer entonces?
Como podrás imaginar: No hay atajos para la riqueza.
La solución pasa por dejar de ser una economía de bajo coste y esto requiere medidas al largo plazo: Facilitar que nuestras pymes crezcan para que puedan invertir, apostar sin miedo por la adopción de nuevas tecnologías y solucionar la brecha entre la formación de nuestros jóvenes y las necesidades reales de las empresas.
Subir el Salario Mínimo por decreto es una tirita, pero no es la cura. Para que los sueldos suban de verdad y de forma sostenible, necesitamos cambiar el motor de nuestro sistema.
No hay atajos para la riqueza. La solución pasa por dejar de ser una economía de bajo coste. Esto implica facilitar que las pymes crezcan, abrazar la tecnología antes de intentar asfixiarla con burocracia y alinear de una vez por todas la formación de los jóvenes con lo que el mundo real necesita.
Solo cuando generemos más valor por cada hora que pasamos en el trabajo, empezaremos a ver una recompensa justa en nuestra nómina.
